Tres Años después. Juan Pastor

” …Maestro, maestro, como debo interpretar el personaje!?”-  le preguntaban los actores a A. Chéjov antes del estreno cuando, con curiosidad infantil,  el genio se paseaba entre bambalinas – “… Pues debe usted interpretarlo bien.” Respondía.

Esta entrada nos la regala el origen de todo esto. Es quien puso en marcha el montaje de teatro y quien escribió la dramaturgia original. Hablo de uno de mis maestros, de mis padres artísticos, de mis ejemplos de compromiso, de entrega y elegante sensibilidad, de mis motivaciones para saltar a la aventura, de mis pasados y futuros brindis, de mis guardianes entre las tablas.

Estas son sus palabras:

Al cabo de los años después de haber emprendido la aventura  de la puesta en escena de “Tres Años”, una adaptación de la novela de Chéjov del mismo nombre, Raúl Fernández, actor principal de aquél montaje, que interpretó con una inmejorable actuación y una gran generosidad como persona, decide, a pesar de todas las dificultades que entraña una proeza de esta categoría, teniendo en cuenta los medios disponibles, la aventura de embarcarse en la producción de una película sobre la misma pieza. Nostalgia de unos años amables, difíciles pero productivos, esperanzadores y a la vez crudos que se mezclan con las sensaciones del material con el que nos enfrentamos y que está en toda la obra de uno de mis autores favoritos, Anton Chéjov.  La iniciativa de Raúl, hace que me lleguen recuerdos de aquél delicioso trabajo teatral sobre ese tema tan apasionante y que como toda obra de Chéjov me conmueve y me hace reflexionar sobre las complejas realidades de la condición humana.  La tópica felicidad y el deseo de alcanzar lo inexistente mientras despreciamos lo que generosamente nos ofrece la vida, porque posiblemente carecemos de la habilidad para escuchar verdaderamente lo que  nos ofrece.

La obra, su adaptación y la posterior contribución de todo el elenco durante los ensayos, desembocó en un cálido espectáculo que ofrecía al público la posibilidad de una serena reflexión sobre la siempre enaltecida pasión amorosa, un sentimiento casi siempre egoísta y de poca duración en el tiempo, sobre la búsqueda de ese amor verdadero inexistente del que tanto hemos oído hablar y que tanto ha reflejado la literatura universal durante siglos y sobre esa apasionante relación amorosa, que provoca las acciones más intrépidas y maravillosas que podamos imaginar, pero también las acciones más terribles.

En nuestro trabajo con los actores buscamos una fina ironía con un especial sentido del humor sobre lo rápido que se consume ese tipo de amor: pasión, ternura y aburrimiento, intentando ser fieles a esa mezcla de piedad, melancolía, filosofía y humor que siempre está presente en la obra de Chéjov. Un autor merecidamente clásico porque sabe hablar sobre los eternos conflictos del ser humano.

Mis mejores deseos para la aventura que ha osado emprender Raúl. Seguro que será una hermosa película.

Juan Pastor.

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